Por David Paul Tripp
¿Te has sentido tentado a pensar que los mandamientos y principios de la Escritura no funcionan en el mundo real? Algunas veces dudamos de que la gracia de Cristo sea en realidad lo suficientemente poderosa para producir buen fruto en nosotros en un mundo tan problemático y perturbador. Nos hemos encontrado diciendo cosas como estas:
1. “Sé que la blanda respuesta quita la ira, pero quien sea que dijo eso no tenía hijos como los míos”.
2. “Si volteo la otra mejilla, la gente se aprovechará de mí”.
3. “Hice mi mayor esfuerzo por perdonarla, pero dondequiera que la veo, me inundo con recuerdos de lo que me hizo”.
4. “Sé que la Biblia dice que la gracia de Dios es más poderosa que mi debilidad, pero en mis momentos de debilidad, simplemente me siento débil”.
5. “He tratado de tener una actitud de servicio, y ahora la gente siempre espera que yo sea el que dé”.
6. “¿Cómo puedo amar a mis enemigos si con trabajo amo a mis amigos y familia?”
7. “Sé que debo amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia, pero algunas veces me vuelve loco”.
8. “Me parece imposible ser amable con un adolescente que es grosero”.
9. “Es muy difícil tratar con respeto a mi jefe que menosprecia a todos los que trabajan para él”.
10. “Es difícil estar comprometido con una iglesia que nunca ha reconocido mis dones en el ministerio”.
La Biblia tiene el propósito de sacarnos de nuestra tendencia hacia el temor, la autocomplacencia y la incredulidad. La Biblia también es franca al hablar de las tentaciones que presentan las bendiciones y la abundancia, y la dificultad que tenemos para manejarlas sabiamente.
La esperanza del Nuevo Pacto es un corazón nuevo que diariamente está siendo renovado. Pero aún después de todo lo que hemos aprendido, algunos de nosotros todavía estamos tentados a limitar nuestras expectativas de lo que Dios puede hacer por nosotros. Decimos cosas como:
1. “Debido a todo lo que me ha pasado, no hay posibilidad de algo bueno para mí”.
2. “Las reglas de Dios quizá funcionan para otros, pero no para mí. He tratado de obedecerlas durante esta prueba, pero solo han producido más frustración”.
3. “He orado y batallado para dominar este pecado, pero simplemente no puedo vencerlo”.
4. “Me emociono cuando leo las historias de la Escritura, pero lo que ellos han experimentado no se parece en nada a mi experiencia”.
Cuando suponemos tales cosas respecto a nosotros mismos, también las suponemos respecto de los demás. Dejamos de creer que el fruto bueno puede crecer en medio del calor de la dificultad, por lo que tiramos la toalla. Por eso es muy importante recordar cómo la renovación que Dios hace de nuestros corazones nos ayuda a enfrentar el calor de la vida de maneras nuevas.
UNA HISTORIA FAMILIAR REAL
Consideremos esta situación. Un hombre es un líder altamente respetado con poder e influencia sobre miles de personas. No obstante, está impotente dentro de su propia familia. Algo está muy mal con su hijo. No solo es rebelde, sino que está haciendo todo a su alcance para usurpar la posición de su padre. El padre se da cuenta de la devastadora realidad de que su hijo ha puesto en su contra a muchos subordinados que solían ser leales.
Luego, cuando las cosas no podrían ir peor, se entera de que su hijo está planeando asesinarlo. Sabe que no puede disputar por su posición y matar a su hijo, así que huye de su casa y se esconde. Ponte en la posición de este padre. Imagina la profundidad de su dolor y sufrimiento. ¿Esperarías encontrar a un hombre amargado y enojado repitiendo la cuenta las cosas buenas que hizo por su hijo ingrato? ¿Esperarías que estuviera cuestionando a Dios, sobre todo porque había buscado serle fiel? ¿Esperarías que este exiliado estuviera sin esperanza, con cinismo y no receptivo al consejo de los demás?
Quizá ya te has dado cuenta de que no tenemos que imaginarnos esta situación. Tenemos el registro histórico en 2 Samuel 14-18. (Separa tiempo para leer esta trágica historia familiar). El padre era el rey David y su hijo era Absalón. En las acciones y respuestas de David, encontramos muy poco de lo que esperaríamos normalmente. Hay algo sorpresivamente esperanzador en lo que hace y dice, algo que tiene el propósito de sacudirnos de nuestro cinismo. El salmo 4 nos provee una ventana al corazón de David al estar enfrentando esta profunda tragedia familiar.
1 Responde a mi clamor, Dios mío y defensor mío. Dame alivio cuando esté angustiado, apiádate de mí y escucha mi oración. 2 Y ustedes, señores, ¿hasta cuándo cambiarán mi gloria en vergüenza?
3 Recuerden que el Señor ha apartado para sí a los fieles; el Señor me oye cuando lo llamo.
4 Cuando estén enojados, no pequen; reflexionen en silencio en su lecho y guarden la calma.
5 Ofrezcan sacrificios justos (sirve con esfuerzo) y confíen en el Señor.
6 Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la felicidad? ¡Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro! 7 Tú has puesto en mi corazón más alegría que la que tienen ellos cuando abunda su grano y su vino. 8 En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.
A pesar de la difícil situación que David enfrentaba, vemos en este salmo su confianza en Dios y su búsqueda de alivio y consuelo. En lugar de caer en la amargura, la desesperanza o la ira, David se dirige a Dios en busca de ayuda y consuelo. Reconoce que Dios es su defensor y que solo en Él puede encontrar verdadera paz y seguridad.
David también rechaza la tentación de pecar en su enojo y en su dolor. En lugar de buscar venganza o actuar impulsivamente, se insta a sí mismo y a los demás a reflexionar en silencio y confiar en el Señor. Reconoce que solo Dios puede satisfacer su anhelo de felicidad y que solo en Él puede encontrar verdadera alegría.
En resumen, David nos muestra un ejemplo de esperanza y confianza en medio de la adversidad. Aunque enfrentaba una situación extremadamente difícil con su hijo rebelde, no se dejó llevar por el desaliento o el cinismo. En cambio, buscó a Dios, confió en Su provisión y encontró paz en Su presencia. Este ejemplo nos desafía a confiar en Dios y a buscar Su ayuda y consuelo en medio de nuestras propias pruebas y dificultades.
La esperanza en medio de la adversidad: Lecciones del Salmo 4
Introducción:
Los salmos 3 y 4, escritos por el rey David mientras se escondía de su hijo Absalón, son considerados salmos para la mañana y la noche. Estos salmos revelan valiosas lecciones sobre la actitud y el comportamiento de David en medio de una de las experiencias más dolorosas de su vida. A través de un estudio detallado de estos salmos, podemos aprender valiosas lecciones sobre cómo enfrentar las dificultades con fe y confianza en Dios.
Desarrollo:
Permanecer cerca de Dios:
En lugar de alejarse de Dios o cuestionar su fidelidad, David se encomienda en las manos de Dios. A pesar de las pruebas y tentaciones para dudar de la bondad de Dios, David acude a Él en busca de consuelo y dirección (Salmo 4:1).
Recordar la identidad como hijo de Dios:
David se recuerda a sí mismo que es uno de los escogidos de Dios y confía en que Él escuchará su clamor. La verdad central de la identidad de David es que pertenece a Dios y que Él está con él en medio de las dificultades (Salmo 4:3).
Examinar el propio corazón:
En lugar de centrarse en las circunstancias o culpar a otros, David examina su propio corazón. Reconoce que lo que hacemos en tiempos de prueba revela nuestros deseos y motivaciones internas (Salmo 4:5).
Practicar la adoración:
A pesar del dolor y la dificultad, David no deja de adorar a Dios. En lugar de permitir que la duda, el enojo o el desánimo tomen control, David elige adorar a Dios en medio de la adversidad (Salmo 4:5).
Servir a los demás:
Aunque David también enfrenta la preocupación y el miedo, no se olvida de las personas que lo rodean. En lugar de juzgar o alejarse de ellos, muestra empatía y sirve a los demás a través de la oración y buscando el bienestar de aquellos que lo acompañan (Salmo 4:6).
Descansar en Dios:
A pesar de la angustia y la incertidumbre, David encuentra paz y descanso en Dios. Su confianza en la presencia y el control de Dios le permite dormir en paz y enfrentar las dificultades con esperanza (Salmo 4:8).
¿Cuál es tu reacción al leer de David? ¿Te has descubierto diciendo: “Vamos, vamos, este amigo no vive en el mundo real”? De hecho, las peores decisiones de David no las tomó en medio de la dificultad, sino en medio de la tentación que traen las bendiciones. Cuando estaba en el palacio en una posición de poder sin igual, acabó por robar la esposa de otro hombre y orquestar su asesinato. David no fue un hombre perfecto. David fue un pecado vulnerable igual que nosotros. Al igual que nosotros, hubo tiempos en los que recordó quién era y vivió de acuerdo con su identidad como hijo de Dios. Hubo otros tiempos cuando no lo hizo. Es por eso que este Salmo trae tanta esperanza. Refleja la gracia de Dios para gente pecadora como tú y como yo. Los árboles fructuosos sí crecen en el calor duro de la prueba en las vidas de gente ordinaria.
No leas el Salmo 4 y digas, “Esto es lo que debería estar haciendo, pero no lo hago”. Di: “Esto es lo que Dios está haciendo también en mí. Estas cosas son posibles para mí porque el Redentor de David es mi Redentor. El Dios que gobernó el corazón de David y le dio paz en el tiempo de la tormenta también está en mi corazón. Puedo tomar buenas decisiones, hacer cosas buenas y cosechar buen fruto aun en medio de los desafíos más duros de la vida”.
El Salmo 4 no muestra la obediencia mecánica de un hombre a un conjunto de principios bíblicos.
Si todo lo que necesitáramos fuera información acerca de cómo hacer lo correcto, Jesús no hubiera tenido que venir. Lo que vemos, de hecho, en este salmo es la gracia de Dios obrando en el corazón de un hombre, habilitándolo para hacer cosas que serían imposibles de realizar por cuenta propia. La obra de Cristo en la cruz pone a nuestra disposición la misma gracia, sin importar qué podamos estar enfrentando.
El punto es: Dios hace más que liberarnos del calor. Nos libera de nosotros mismos para que no simplemente sobrevivamos el calor, sino que demos buen fruto. Bajo la presión de dificultades familiares puede crecer amor. Bajo el calor del sacrificio no apreciado, puede crecer la perseverancia. En el sufrimiento físico pueden florecer la paz y la fe robusta. En medio de necesidad, puede crecer la generosidad donde solían florecer espinas de avaricia y egoísmo. La paz puede vivir en medio de la decepción financiera. La humildad puede florecer en tiempos de éxito personal. El gozo puede vivir bajo el agobiante sol del rechazo. La esperanza puede florecer en tiempos de tristeza.
MANANTIALES EN EL DESIERTO
En Juan 7.37-38 Jesús dice algo muy alentador. Nos dice que aquellos que creen en él tienen corrientes de aguas vivas fluyendo de dentro de ellos. Juan dice que Jesús se estaba refiriendo al Espíritu Santo. A través de él, los ríos espirituales de agua viva producen vida donde antes había muerte. Gálatas 5:13-6:10 nos muestra el tipo de fruto que crece a través de la obra del Espíritu Santo.
19 Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje;20 idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos21 y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad,23 humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.24 Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.25 Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.26 No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros. 1 Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.2 Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.3 Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo.4 Cada cual examine su propia conducta; y si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie.5 Que cada uno cargue con su propia responsabilidad. 6 El que recibe instrucción en la palabra de Dios, comparta todo lo bueno con quien le enseña. 7No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.8 El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.9 No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.10 Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.
Quizá te estés diciendo, entiendo que el Espíritu Santo vive en mí y que la Biblia lo relaciona con el agua viva. Pero no estoy seguro de entender cómo me ayuda esto cuando enfrento pruebas y tentaciones. Gálatas 5 y 6 explican lo que Cristo quiso decir en Juan 7. ¿Notaste que este pasaje comienza con una advertencia en contra de la auto-indulgencia (vv. 13-15)? Todos sabemos que el pecado causa que estemos más comprometidos con nosotros mismos que con alguien más. Es por eso que competimos unos con otros en el tráfico y a la hora de checar nuestra salida, por ser el primero en usar el baño en la mañana o por la última galleta en la caja, por el afecto de alguien o por el ascenso de puesto. El pecado causa que estemos más preocupados por nuestro bienestar que por el de los demás. Tal tipo de egocentrismo destruye las relaciones y causa un gran daño.
Pero este pasaje no termina con un tono de lucha, En vez de eso nos muestra gente que están comprometidas con el ministerio, que buscan maneras de llevar las cargas de los demás y de hacer el bien (6:1-10). El pasaje que comienza con reacciones del arbusto seco termina con la vida de un árbol fructuoso. ¿A qué se debe la diferencia? ¡ El agua viva del Espíritu Santo! El Espíritu batalla contra nuestra naturaleza pecaminosa por nosotros. Debido a él, no tenemos que ceder (vv.19-21). Podemos decir “no” a emociones motivadoras (pasiones) y anhelos poderosos (deseos) e ir en la dirección opuesta (v. 24).
Al decirle “sí” al Espíritu Santo, su agua viva produce fruto nuevo en nuestros corazones: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Estas características de carácter no son un estándar ideal que Dios nos da como medida. Son regalos que el Espíritu Santo produce en nosotros. Este cambio en nuestro interior transforma la manera en que respondemos a las cosas a nuestro alrededor (Calor). Y este es el resultado: personas amables que buscan maneras de hacer el bien. La gente paciente y fiel no se aleja cuando la gente “mete” la pata. La gente amorosa sirve incluso cuando alguien peca en su contra. La gente gentil ayuda a llevar la carga de los que están pasando por luchas. Gálatas 5 y 6 están llenos de esperanza.
Debemos rechazar el punto de vista de la vida cristiana que enfatiza más lo que nosotros debemos a hacer que lo que Dios está haciendo en nosotros por su Espíritu. Debemos rechazar cualquier punto de vista de la vida cristiana que dice que el cambio al que nos llama Dios es imposible o que sólo ocurrirá en la eternidad. Debemos rechazar cualquier perspectiva de la vida cristiana que minimice la guerra que se enfrenta cada día en nuestros corazones – o pasa por alto el hecho de que Dios está peleándola por nosotros y de nuestro lado. El cuadro bíblico es que Dios nos encuentra en las pruebas de la vida y no sólo nos da reglas – nos da a su Hijo. Por Él, es realista lo que somos llamados a hacer.
La Biblia nos enseña que los árboles fructíferos producen su fruto bajo el calor abrasador de la dificultad. Ahora recuerda, como hijo de Dios, soy ese árbol. El fruto es un regalo de Dios producido por su Espíritu. No debo conformarme con las reacciones del arbusto espinoso. No es imposible llegar a ser la persona que Dios dice que soy – soy un árbol fructífero en medio del desierto.
FRUTO NUEVO Y SORPRENDENTE
¿Cómo se manifiesta este fruto de un corazón cambiado en tu vida? Al considerar este fruto – estos cambios en nuestras vidas – ten presente que no estamos listando simplemente cosas que debemos hacer como creyentes, sino lo que se nos ha dado por medio de Jesús. Nos da vida nueva, nueva sabiduría, nuevo carácter, nueva esperanza, nueva fortaleza, nueva libertad y nuevos deseos. La Biblia resume todas estas cosas diciendo que la obra de Cristo en la Cruz nos da un nuevo corazón.
Nuestro corazón tiene nueva vida a través del Espíritu Santo. Cuando pensamos, deseamos, hablamos o actuamos correctamente, no es tiempo de darnos palmaditas en la espalda o de marcar como cumplido en nuestra lista de pendientes. Cada vez que hacemos lo correcto, estamos experimentando lo que Cristo ha provisto para nosotros. En el capítulo 11, presentamos algunos de los frutos que produce Cristo. Ahora ampliaremos aquí esa discusión.
Viviré con integridad personal.
El perdón pleno que Cristo provee implica que ya no tengo que estar temeroso de verme en el espejo de la Palabra de Dios. Ya no tengo que estarme defendiendo o dando excusas, racionalizando mis decisiones pecaminosas o echando la culpa a alguien o algo más. Ya no necesito negar ni esconder mi pecado. ¿Por qué? Porque si el Dios del perdón, sabiduría y poder en realidad vive en mí, ¿cómo podría estar temeroso de enfrentar mi debilidad y pecado? En vez de eso, puedo estar decidido a crecer en autoconocimiento. Puedo estar agradecido de que la Palabra de Dios es un espejo para mi corazón y que Dios pone personas en mi vida para ayudarme a verme con mayor precisión. Puedo estar emocionado respecto a mi potencial de aprendizaje, cambio y crecimiento.
También buscaré ayuda piadosa. La Cruz no sólo me libera de mi esclavitud al pecado, sino también me abre la compuerta a los recursos de la gracia de Dios. Uno de esos recursos es el cuerpo de Cristo. Si me anima el hecho de que la ayuda más grande vive en mí, aprovecharé todos los recursos que me da en el Cuerpo de Cristo. No viviré independientemente. Aprovecharé la enseñanza bíblica que tenga disponible. Buscaré el compañerismo en un grupo pequeño. Solicitaré ser pastoreado por mis ancianos. Buscaré la sabiduría de hermanos y hermanas maduros. Trataré de aprovechar los beneficios de rendir cuentas a amigos cercanos. Y aprovecharé todos estos recursos siendo sincero respecto a mis luchas del corazón y conducta. Al hacer todo esto, expresaré emociones piadosas. No hay una escena más llena de emoción que la escena del Calvario. Cristo clamó a su Padre cuando sufrió y murió. La Cruz también te invita a clamar al Padre. Cristo clamó al Padre que estuvo en silencio al permitir su muerte, para que puedas clamar al Padre que te escucha y te da lo que necesitas para vivir.
Mientras más entiendas quién es Dios y qué ha hecho de ti, más te darás cuenta de que la vida cristiana no se trata de tener una existencia estoica y apática. En la tierra, Cristo expresó un amplio rango de emociones y a medida de que crezcas en Cristo, también las expresarás. La madurez expresa la emoción correcta de la manera correcta en el momento correcto. Como cristianos, debemos ser las personas más tristes de la tierra (porque entendemos estragos del pecado) y las personas más gozosas de la tierra (porque experimentamos la gracia del Cristo crucificado). Hay un tiempo apropiado para la tristeza, el gozo, el enojo, el temor, los celos, la felicidad, la gratitud, el remordimiento, el dolor y el entusiasmo. La vida de fe es un vitral, rico con colores de muchas emociones diferentes a través de las cuales brilla la luz de Cristo.
Haré que la Cruz forje mis relaciones.
Como gente a quienes ha sido derramada la gracia de Dios, lo único que tiene sentido es compartir esa gracia con los demás. Jesús relató una historia maravillosa que ilustra este principio en Mateo 18:21-35.
28 »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. «¡Págame lo que me debes!”, le exigió.29 Su compañero se postró delante de él. «Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré.»30 Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.31 Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido.32 Entonces el señor mandó llamar al siervo. «¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste.33 ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?»34 Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. 35 »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.
Debido a que la gente a tu alrededor son pecadores al igual que tú, van a fallar, van a pecar contra ti y te decepcionarán. En ese momento puedes extenderles la misma gracia que has recibido. Nuestro enojo, irritación, impaciencia, condenación, amargura y venganza nuca producirán cosas buenas en sus vidas (o en las nuestras). Pero Dios puede producir cosas buenas en ellos cuando estamos dispuestos a encarnar su gracia. Nos convertimos en parte de lo que está haciendo en sus vidas, en vez de estorbarle. Entonces, ¿Qué significa en la práctica hacer que la Cruz forje tus relaciones? Significa estar listo, dispuesto y habilitado para perdonar (Marcos 11:25; Mateo 6:12-15). La decisión de perdonar es primeramente una transacción del corazón entre tú y Dios. Es una disposición de renunciar a tu deseo de venganza (y castigar de alguna manera a la persona) por su ofensa en tu contra. En vez de eso, le encomiendas a Dios la persona y su ofensa, creyendo que Él es recto y justo. Tomas la decisión de responder a esta persona con una actitud de gracia y perdón. Esta transacción vertical (entre tú y Dios) te prepara para la transacción horizontal de perdón entre tú y el ofensor cuando se presente la oportunidad. Seamos sinceros – somos pecadores que viven con otros pecadores, así que no hay ni un solo día en el que el perdón no sea necesario. Rehusarse a perdonar, la tentación de rumiar la ofensa en nuestras mentes y nuestros pensamientos de castigo y venganza, son cosas que dañan las relaciones que Dios desea usar para hacernos más semejantes a Él.
Son talleres de su gracia. En esta área importante del perdón, (1) la Cruz causa en mí que desee que otros conozcan el mismo perdón que Cristo compró para mí, y (2) me cambia, habilitándome para perdonar genuinamente a los demás.
La Cruz me permite pedir perdón humildemente. Cuando pido perdón, admito mi responsabilidad por el pecado en tu contra, sin tratar de justificarme, excusarme o culpar a otros. Más o menos así debe
escucharse: “Estuvo mal que yo . Por favor, perdóname. Siento mucho haberte causado
dolor”.
Las tres partes de la solicitud definen lo que significa pedir perdón.
• Primero, pedir perdón significa acercarme a la persona que ofendí con una actitud de
honestidad humilde. (“Estuvo mal que yo ”).
• Segundo, al pedir perdón reconozco que he pecado en contra de otra persona y por lo tanto, necesito pedir a la persona que también sea parte del proceso del perdón. (Por favor, perdóname). No es suficiente con decir que lo sientes. Cuando sólo hacemos eso, estamos negando a las personas la bendición de concedernos el perdón.
• Tercero, una solicitud de perdón siempre debe incluir un reconocimiento compasivo del dolor que causó nuestro pecado. (Siento mucho haberte causado dolor). De nuevo aquí estoy experimentando los resultados de la Cruz de Cristo. Me recuerda que soy un pecador – si no lo fuera, Cristo no hubiera necesitado morir. Pero la Cruz hace más que eso: cambia mi corazón, haciéndome sensible al pecado al que estaba cegado en otro tiempo y me prepara para reconocer aquello por lo que en otro tiempo hubiera dado excusas.
Cuando la Cruz forja mis relaciones, respondo con gracia ante el pecado y la debilidad de los demás. ¿Eres más estricto con los demás que contigo mismo? ¿Tiendes a olvidar que eres pecador al mismo tiempo que recuerdas que los demás sí lo son? ¿No pasas por alto ofensas pequeñas? ¿Pasas más tiempo observando lo que los demás hacen mal en vez de lo que hacen bien? ¿Se siente la gente aceptada y amada por ti o criticada y juzgada? ¿Cómo tiendes a responder ante las debilidades, los pecados y los fracasos de aquellos que te rodean?
La Cruz me habilita a servir a otros partiendo de un corazón de compasión, amabilidad, perseverancia, bondad, paciencia y amor. Mientras más me acerco a las personas, más necesito estas actitudes porque es cuando soy afectado por sus debilidades y pecado (y viceversa).
Mientras más cercanos somos, más se revelan nuestros corazones. Por lo tanto, todos necesitamos preguntarnos: “¿Qué actitudes forjan mis relaciones más cercanas?” Cristo vive en nosotros para rescatarnos de nosotros mismos, para que seamos amorosos y mostremos gracia unos a otros aunque seamos pecadores. Cada vez que hago a un lado mis propios deseos para ministrar a otra persona, estoy viviendo los resultados de la muerte de Cristo en la Cruz.
La Cruz le da propósito y dirección a mis palabras y acciones.
Dios llama a sus hijos a practicar acciones que reflejen la gracia que han recibido en Cristo. La pregunta es, “¿Es esta gracia la que forja mis relaciones?” Consideremos algunas de las acciones basadas en la Cruz a las que nos llama Cristo; acciones que son parte del nuevo fruto de la fe en nuestras vidas.
• La Cruz habilita a cada hijo de Dios a buscar la paz (Santiago 3:13-18).
¿En qué relación necesitas estar comprometido a buscar la paz?
• La Cruz habilita a cada hijo de Dios a hablar la verdad (Efesios 4:25).
¿Dónde se pueden resolver los problemas, restaurar las relaciones y traer bendición sobre la gente por medio de hablar claramente la verdad?
• La Cruz habilita a cada hijo de Dios a servir a los demás (Gálatas 5:13-15).
¿En dónde te está llamando Dios a ser un siervo?
• La Cruz habilita a cada hijo de Dios a conceder el perdón a aquellos que lo piden (Lucas 17:1-10). Si he entregado la ofensa a Dios y he rehusado buscar venganza, mi corazón está listo para conceder el perdón cuando el ofensor me lo pide.
• La Cruz habilita a cada hijo de Dios a aprender a decir “no”. En los evangelios, Jesús no hizo todo lo que los demás querían que él hiciera (Jn. 2:3-4; 4:43-54; 6:15, 26-27, 30-40; 7:3-10; 8:48-59; 10:30-39; 11:1-6, 21-27; 13:8-10; 18:19-24, 33-37).
En vez de eso, estaba motivado por la voluntad de su Padre. El amor cristiano no nos hace esclavos de la agenda de los demás; nos hace esclavos y siervos de Cristo, y por lo tanto, estar dispuestos a servir a los demás. Habrá momentos cuando nuestra lealtad a Cristo implique que sea una respuesta de amor y correcta decir “no” a la petición de los demás.
• La Cruz habilita a cada hijo de Dios a reconocer, desarrollar y usar los dones que ha recibido para la gloria de Dios y el bien de los demás (ver Romanos 12:1-8). ¿Qué dones has recibido? ¿Cómo pueden ser usados allá donde Dios te ha puesto?
UN VISTAZO GLOBAL
Cuando Betina se sentó enfrente de mí se veía cansada, pero no desanimada. Durante los seis meses anteriores había visto desplomarse completamente su vida idílica. La vida estable y tranquila que solía tener ahora era sólo un recuerdo nebuloso. El círculo de amigos que habían hecho su vida tan agradable se había evaporado con su matrimonio. Su esposo no sólo la había abandonado por alguien más, sino había hecho todo lo posible por dejarla desamparada. Antes tenía una cuenta bancaria saludable y crédito ilimitado, pero ahora raras veces tenía suficiente dinero para lo esencial. Aquellos días en el club campestre fueron sustituidos por jornadas de diez horas en un empleo de ínfima importancia. ¡Inclusive tuvo que cambiar de iglesia! Pero al sentarse enfrente de mí, no se veía desanimada o enojada.
Recuerdo haber pensado que estaba viendo la gracia de Dios en acción. Nada más podía explicar el carácter de esta mujer en medio de esta triste historia. Dios ha usado el Calor agobiante de la prueba matrimonial no sólo para exponer el corazón de Benita, sino también para transformarlo. La mujer que solía basar su seguridad en su situación, ahora sabía qué significa confiar en el Señor. La mujer que solía quejarse de la más leve dificultad ahora vivía con valentía y perseverancia. Esta mujer, que solía ser dada a chismear amargamente, ahora era la representación misma del perdón verdadero. Solía vivir para ella misma, pero ahora vivía gozosa sirviendo a otros.
Betina lo resumió de esta manera: “Espero no tener que atravesar esto de nuevo. Ha sido más duro de lo que imagine. Hubo momentos en los que me preguntaba si Dios aún estaba allí y pensaba que no lograría sobrellevar esta situación. Algunas veces parecía imposible hacer lo que Dios dice que es lo correcto. Luego, hizo una pausa y dijo, “Pero estaría dispuesta a pasar por esto de nuevo para tener lo que Dios me ha dado. Me ha cambiado por completo, casi parece como si la antigua Betina fuese otra persona”. Betina es un vivo ejemplo de que Dios no simplemente mengua el Calor en nuestras vidas, sino nos transforma en medio de él. Aunque permanezca algo de la prueba marital en la vida de Betina hasta el día que muera, ella no está siendo desgastada por el enojo, la duda, la amargura y la envidia. Por la gracia de Dios estaba en el proceso de una renovación personal, produciendo cambios fundamentales en la manera en la que responde a la vida.
La historia de Betina es tu historia. Tú también enfrentas pruebas difíciles, bendiciones tentadoras y relaciones conflictivas. Pero tú también has recibido el regalo de Cristo, el Redentor. Él está obrando, ahora mismo, cambiando tu corazón y las maneras en las que respondes a la vida. Recuerda estas realidades:
1. Ya eres un árbol fructífero por lo que Cristo ha hecho por ti. Ya hay evidencias del carácter y fortaleza piadosos en tu vida. Por fe, reconoce el fruto bueno que es el resultado de responder al evangelio y la obra del Espíritu Santo.
2. La vida cristiana se trata de vivir por la fe en Cristo, con las posibilidades y privilegios que trae. No se trata de guardar las reglas a regañadientes.
3. Puesto que Cristo te ha hecho una nueva criatura, las cosas buenas son posibles incluso en medio de la dificultad. Su obra habilita tu corazón para responder con buen fruto.
4. Puesto que has sido unido a Cristo y el Espíritu Santo habita en ti, las pruebas y tentaciones son oportunidades para experimentar el poder de Dios en acción.
5. Dios te llama a tener una nueva identidad en Cristo (Este es quien soy) y por lo tanto, una nueva manera de vivir (“Este es quien puedo ser”). El cambio no está enraizado en un cuerpo de conocimiento, en un conjunto de reglas, en bosquejos teológicos o técnicas de conducta. Es el resultado de la transformación de tu corazón por el Señor resucitado.
A medida que su gracia rige nuestros corazones somos habilitados para obedecer sus mandamientos.
Hay esperanza para nosotros porque Jesús es todo lo que necesitamos. Estas palabras describen apropiadamente nuestras vidas con el Señor.
Cada mañana que tengo está llena de esperanza No porque tengo éxito en lo que hago,
O porque la gente a mi alrededor me aprecia,
O porque las circunstancias son fáciles,
Sino porque Dios existe y es mi Padre.
Ver la mañana de otro modo es creer una mentira.
Vivir con esperanza es vivir en la verdad;
Vivir en la verdad es glorificarle;
Glorificar a Dios en mi diario vivir
Es la forma más elevada de adoración.
