Nuestras Creencias
Una fe fundada en la Palabra de Dios, centrada en el evangelio de Jesucristo.
Una fe fundada en la Palabra de Dios, centrada en el evangelio de Jesucristo.
En lo que creemos, además de nuestra Declaración de Fe a continuación, apreciamos una serie de credos, confesiones y declaraciones históricas y contemporáneas. Como principalmente la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689, y otras también como la Confesión de Fe de Westminster, el Catecismo de Heidelberg, y los credos históricos como: el Credo de los Apóstoles, el Credo de Nicea, el Credo de Constantinopla y el Credo de Calcedonia.
"El mundo cristiano no se divide entre aquellos que tienen credos y confesiones y aquellos que solo tienen la Biblia", sino que en realidad todo el mundo tiene una confesión de fe; por lo tanto, el mundo cristiano se divide entre quienes las escriben y las hacen públicas al escrutinio y a la corrección, y aquellos que las tienen pero no las escriben" — Dr. Carl Trueman
Nuestra fe no es nueva, sino que está arraigada en la revelación inmutable de las Sagradas Escrituras.
Creemos que la Biblia es la Revelación escrita de Dios. Los sesenta y seis libros de la Biblia, dados a nosotros por el Espíritu Santo, constituyen la palabra de Dios completa (inspirada igualmente en todas sus partes).
Creemos que, la Palabra de Dios es una revelación objetiva, proposicional, verbalmente inspirada en cada palabra, absolutamente inerrante en los documentos originales, infalible, e inspirada por Dios.
Creemos que, la interpretación de las escrituras en forma literal, gramatical e histórica, afirman la creencia que, los capítulos de apertura de Génesis presentan la creación en seis días literales.
Creemos que la Biblia constituye la única regla infalible de fe y práctica.
Creemos que, Dios habló por medio de Su Palabra escrita en un proceso dual de paternidad literaria. El Espíritu Santo supervisó a los autores humanos que, a través de sus personalidades individuales y diferentes estilos literarios, han compuesto y registrado la Palabra de Dios para el hombre sin error en su contenido, ya sea parcial o total.
Creemos que, aunque pueda haber varias aplicaciones de algún pasaje dado de las Escrituras, hay una sola interpretación. El significado de la Escritura se encuentra cuando diligentemente se aplica el método gramático-histórico literal de interpretación bajo la iluminación del Espíritu Santo. Es la responsabilidad de cada creyente, buscar cuidadosamente la verdadera intención y significado de las Escrituras, reconociendo que la aplicación adecuada es obligación de todas las generaciones. Aun así, la verdad de las Escrituras está para juzgar a los hombres; y nunca los hombres para juzgar las Escrituras.
Creemos que hay un solo Dios vivo y verdadero, un Espíritu infinito e inteligente, cuyo nombre es JEHOVÁ, el Creador y Gobernante Supremo del cielo y de la tierra; indeciblemente glorioso en santidad, y digno de toda la honra, confianza y amor posibles; que en la unidad de la Divinidad hay tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; iguales en toda perfección divina, y que ejecutan oficios distintos pero armoniosos en la gran obra de la redención.
Creemos que el hombre fue creado en santidad, bajo la ley de su Creador; pero que por transgresión voluntaria cayó de aquel estado santo y feliz; por cuya causa todo el género humano es ahora pecador, no por fuerza sino por elección; estando por naturaleza enteramente desprovisto de aquella santidad que requiere la ley de Dios, positivamente inclinado a lo malo; y por tanto bajo justa condenación a la ruina eterna, sin defensa ni excusa.
Creemos que la salvación de los pecadores es puramente por gracia; por medio de la obra mediadora del Hijo de Dios; quien por designación del Padre, libremente tomó sobre sí nuestra naturaleza, pero sin pecado; honró la ley divina por su obediencia personal, y por su muerte hizo una expiación completa por nuestros pecados; que habiendo resucitado de entre los muertos, ahora está entronizado en el cielo; y que uniendo en su persona maravillosa las simpatías más tiernas con las perfecciones divinas, está en todo sentido calificado para ser un Salvador idóneo, compasivo y omnipotente.
Creemos que la gran bendición del evangelio que Cristo asegura a los que en Él creen es la Justificación; que la Justificación incluye el perdón del pecado, y la promesa de la vida eterna sobre principios de justicia; que se concede, no en consideración a ninguna obra de justicia que hayamos hecho, sino puramente por medio de la fe en la sangre del Redentor; por cuya fe su justicia perfecta nos es imputada por Dios; que nos introduce a un estado de paz y favor benditísimos con Dios, y nos asegura toda otra bendición necesaria para el tiempo y la eternidad.
Creemos que las bendiciones de la salvación se ofrecen gratuitamente a todos por el evangelio; que es el deber inmediato de todos aceptarlas por medio de un arrepentimiento y una fe cordiales, penitentes y obedientes; y que nada impide la salvación del pecador más grande en la tierra, sino su propia depravación inherente y el rechazo voluntario del evangelio; rechazo que lo envuelve en una condenación agravada.
Creemos que para ser salvos, los pecadores deben ser regenerados o nacidos de nuevo; que la regeneración consiste en dar una disposición santa a la mente; que se efectúa de una manera que sobrepuja nuestra comprensión, por el poder del Espíritu Santo, en conexión con la verdad divina, a fin de asegurar nuestra obediencia voluntaria al evangelio; y que su evidencia propia aparece en los frutos santos de arrepentimiento, fe y novedad de vida.
Creemos que el Arrepentimiento y la Fe son deberes sagrados, y también gracias inseparables, labradas en nuestras almas por el Espíritu regenerador de Dios; por lo cual, estando profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro y desamparo, y del camino de la salvación por Cristo, nos volvemos a Dios con humillación sincera, confesión y súplica de misericordia; recibiendo al mismo tiempo de todo corazón al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiando en Él solo como el único y omnipotente Salvador.
Creemos que la Elección es el propósito eterno de Dios, según el cual Él gratuitamente regenera, santifica y salva a los pecadores; que siendo perfectamente consistente con la libre agencia del hombre, comprende todos los medios en conexión con el fin; que es una demostración gloriosísima de la soberana bondad de Dios, siendo infinitamente libre, sabia, santa e inmutable; que excluye enteramente la jactancia, y promueve la humildad, el amor, la oración, la alabanza, la confianza en Dios, y la imitación activa de su misericordia libre; que puede conocerse por sus efectos en todos los que verdaderamente creen el evangelio; que es el fundamento de la seguridad cristiana; y que para cerciorarse de ella con respecto a nosotros mismos, se requiere y se debe la mayor diligencia.
Creemos que la Santificación es el proceso por el cual, según la voluntad de Dios, somos hechos partícipes de su santidad; que es una obra progresiva; que se inicia en la regeneración; y que se lleva a cabo en los corazones de los creyentes por la presencia y el poder del Espíritu Santo, el Sellador y Consolador, en el uso continuo de los medios designados, especialmente la palabra de Dios, el auto-examen, la abnegación, la vigilancia y la oración.
Creemos que solo los que perseveran hasta el fin son verdaderos creyentes; que su unión perseverante con Cristo es la señal principal que los distingue de los que profesan superficialmente; que una Providencia especial vela por su bienestar; y que son guardados por el poder de Dios mediante la fe para salvación.
Creemos que la Ley de Dios es la norma eterna e inmutable de su gobierno moral; que es santa, justa y buena; y que la incapacidad que las Escrituras atribuyen a los hombres caídos para cumplir sus preceptos, surge enteramente de su amor al pecado; librarlos de lo cual, y restaurarlos por medio de un Mediador a la obediencia sincera a la santa Ley, es el gran fin del Evangelio, y de los medios de gracia conectados con el establecimiento de la iglesia visible.
Creemos que una iglesia visible de Cristo es una congregación de creyentes bautizados, asociados por un pacto en la fe y el compañerismo del evangelio; observando las ordenanzas de Cristo; gobernados por sus leyes; y ejerciendo los dones, derechos y privilegios investidos en ellos por su Palabra; que sus únicos oficiales bíblicos son los Obispos o Pastores, y los Diáconos, cuyas calificaciones, derechos y deberes se definen en las Epístolas a Timoteo y a Tito.
Creemos que el Bautismo Cristiano es la inmersión en agua del creyente, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; para mostrar en un emblema solemne y hermoso nuestra fe en el Salvador crucificado, sepultado y resucitado, con su efecto en nuestra muerte al pecado y resurrección a una nueva vida; que es un requisito previo a los privilegios de una relación de iglesia, y a la Cena del Señor; en la cual los miembros de la iglesia, por el uso sagrado del pan y del vino, han de conmemorar juntos el amor moribundo de Cristo; precedido siempre por un solemne auto-examen.
Creemos que el primer día de la semana es el Día del Señor, o el Día de Reposo Cristiano; y que debe ser consagrado a propósitos sagrados, absteniéndose de todo trabajo secular y recreaciones mundanas; por la observancia devota de todos los medios de gracia, tanto privados como públicos; y por la preparación para aquel reposo que queda para el pueblo de Dios.
Creemos que el Gobierno Civil es de designación divina, para los intereses y el buen orden de la sociedad humana; y que se debe orar por los magistrados, honrarlos y obedecerlos concienzudamente; excepto solamente en cosas opuestas a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, quien es el único Señor de la conciencia, y el Príncipe de los reyes de la tierra.
Creemos que hay una diferencia radical y esencial entre los justos y los inicuos; que solo aquellos que por la fe son justificados en el nombre del Señor Jesús, y santificados por el Espíritu de nuestro Dios, son verdaderamente justos a su vista; mientras que todos los que continúan en la impenitencia e incredulidad son inicuos a su vista, y bajo la maldición; y esta distinción permanece entre los hombres tanto en la vida como después de la muerte.
Creemos que se acerca el fin del mundo; que en el último día Cristo descenderá del cielo, y levantará a los muertos del sepulcro para su juicio final; que se hará una separación solemne; que los inicuos serán sentenciados al castigo eterno, y los justos al gozo eterno; y que este juicio fijará para siempre el estado final de los hombres en el cielo o en el infierno, sobre principios de justicia.
November 8, 2023 Confesiones
Creo en Dios Padre, Todopoderoso Creador del Cielo y la Tierra.
Creo en Jesucristo, Su Unigénito Hijo, nuestro Señor quien fue concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María; sufrió bajo Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió al infierno; al tercer día resucitó de entre los muertos; ascendió al cielo, y se sentó a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. AMEN
Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador de Cielo y Tierra, de todo lo visible e invisible. Creemos en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho. Que por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo: por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen y se hizo hombre. Por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado. Resucitó al tercer día, según las Escrituras, subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe en una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creemos en la Iglesia, que es una, santa, universal y apostólica. Reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. AMEN
Nosotros, entonces, siguiendo a los santos Padres, todos de común consentimiento, enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racional; cosustancial (coesencial) con el Padre de acuerdo a la Deidad, y cosustancial con nosotros de acuerdo a la Humanidad; en todas las cosas como nosotros, sin pecado; engendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidad; y en estos postreros días, para nosotros, y por nuestra salvación, nacido de la virgen María, de acuerdo a la Humanidad; uno y el mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, y el Credo de los Santos Padres que nos ha sido dado. AMEN
Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Universal. El que no guardare ésta Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente. Y la Fe Universal es ésta: que adoramos a un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Sustancia. Porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad. Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu Santo. Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Incomprensible es el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo. Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible. Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así también, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor es el Espíritu Santo. Y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor, así la religión Cristiana nos prohibe decir que hay tres Dioses o tres Señores. El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado. El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente. Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en ésta Trinidad nadie es primero ni postrero, ni nadie mayor ni menor; sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y coiguales.
De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad. Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad. Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la Sustancia del Padre, engrendado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Sustancia de su Madre, nacido en el mundo; perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne Humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad. Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo; uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios; uno totalmente, no por confusión de Sustancia, sino por unidad de Persona. Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo; El que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios Todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos. A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras. Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno. Esta es la Fe Universal, y quien no lo crea fielmente no puede salvarse. AMEN